¿Por qué tiembla tanto en Chaparral? La placa y las fallas que explican la concentración de sismos en Tolima

Chaparral, en el sur del Tolima, lleva varios días sintiendo cómo la tierra se mueve una y otra vez. Desde la madrugada del 20 de septiembre, una sucesión de sismos mantiene en alerta a las autoridades y a los habitantes del municipio, donde fue declarada la alerta naranja y se reforzaron las medidas de preparación ante una eventual emergencia.
El fenómeno hace parte de un periodo de elevada actividad sísmica registrado en diferentes puntos del país. El más reciente resumen de sismicidad del Servicio Geológico Colombiano (SGC) contabiliza 1.239 sismos, de distintas magnitudes, entre el 17 y el 24 de septiembre de 2026.
La cifra, sin embargo, requiere una precisión: esos más de mil movimientos corresponden al registro general de sismicidad del país durante ese periodo y no exclusivamente a Chaparral. En el listado de eventos destacados aparecen movimientos en Chocó, el océano Pacífico y Tolima.
En el caso de Chaparral, el SGC registra como destacados cuatro sismos ocurridos entre el 20 y el 23 de septiembre, todos reportados como superficiales: uno de magnitud 4,1 el 20 de septiembre a las 4:52 de la mañana; otro de 4,2 el 21 de septiembre a las 6:15 de la tarde; uno más de 4,2 el 22 de septiembre a las 2:35 de la mañana, y otro de 4,2 el 23 de septiembre a las 4:04 de la mañana.
Estos eventos forman parte de una secuencia mucho más amplia. Por ejemplo, tan solo en los últimos cinco días en el país hubo 767 sismos con magnitudes superiores a 2 en varias regiones, no solo Chaparral.
Se han registrado movimientos en Istmina y San José del Palmar, epicentro del terremoto del 10 de agosto pasado en Chocó, como también en el Océano Pacífico colombiano. También en Lenguazaque, Cundinamarca; San Antonio, Tolima; Los Santos, Santander; Frontino, Antioquia; El Banco, Magdalena y Páez (Belalcázar).
La gobernadora del Tolima, Adriana Matiz, aseguró a Noticias Caracol que durante las últimas 75 horas se habían contabilizado más de 440 sismos en la zona y describió una frecuencia cercana a un movimiento cada diez minutos.
“Llevamos ya más de 440 sismos en estas 75 horas. Es decir, estoy hablando de que cada 10 minutos hay un sismo, son seis sismos cada hora que hay en el municipio de Chaparral”, dijo Matiz.
La mandataria señaló que los movimientos también han sido sentidos en Roncesvalles, San Antonio y Rioblanco, mientras que las autoridades mantienen activos los consejos de gestión del riesgo.
La situación de Chaparral debe entenderse además dentro de un contexto geológico más amplio. Colombia se encuentra en una zona de interacción de las placas Nazca, Sudamericana y Caribe, una configuración que explica buena parte de la actividad sísmica del territorio.
El movimiento principal es la subducción (hundimiento) de la Placa de Nazca debajo de la Placa Sudamericana. A medida que la placa oceánica se hunde, de acuerdo con información del SGC, empuja la corteza continental hacia el oriente, comprimiendo el territorio nacional.
Esta compresión masiva es la responsable directa de la formación de la Cordillera Central, que es precisamente el sistema montañoso donde se localiza Chaparral.
El SGC registra alrededor de 2.500 sismos al mes en el país. La mayoría son de magnitudes bajas o se producen a profundidades que hacen que no sean percibidos por la población.
La historia reciente demuestra, sin embargo, que algunos movimientos pueden generar consecuencias graves.
Entre los principales terremotos registrados en Colombia, antes del 10 de agosto pasado con el registrado de 7,4 en San José del Palmar, Chocó, están el de Popayán de 1983, el de Armenia de 1999 y el ocurrido frente a Tumaco en 1979, de magnitud 8,0.
La diferencia entre estos eventos no está únicamente en la magnitud: también influyeron la profundidad, la distancia a los centros poblados, las condiciones del suelo y la vulnerabilidad de las construcciones.
Uno de los fenómenos particulares de la sismicidad colombiana es el denominado nido sísmico de Bucaramanga, una concentración de actividad sísmica ubicada bajo el departamento de Santander, principalmente a profundidades intermedias.
Todo esto explica por qué el país cuenta con una red especializada para detectar y analizar los movimientos que ocurren diariamente, trabajo que adelanta el Servicio Geológico Colombiano.
¿Qué significa que Chaparral esté registrando tantos sismos?
La primera precisión científica, de acuerdo con datos del SGC, es que un sismo es una “liberación súbita de energía acumulada en el interior de la Tierra, que genera ondas que se propagan a través de las rocas”
La mayoría de los sismos que ocurren en Colombia son de origen tectónico relacionados con la deformación y ruptura de la corteza terrestre y con el movimiento de las placas tectónicas.
Por eso, que se produzcan cientos de movimientos en un periodo relativamente corto “no significa necesariamente que esté ocurriendo un único terremoto fragmentado en cientos de partes”, según el SGC.
Los especialistas deben estudiar dónde están ocurriendo los eventos, a qué profundidad, qué magnitudes tienen, cómo se distribuyen en el tiempo y cuál es su mecanismo de origen.
El SGC cuenta con una Red Sismológica Nacional que permite detectar y localizar estos movimientos y hacer seguimiento a su evolución.
De hecho, el organismo había informado que entre la madrugada del 20 de septiembre y la tarde del 21 de septiembre ya había registrado más de 130 sismos en Chaparral, una actividad que llevó a mantener vigilancia permanente sobre la zona.
Uno de los datos que llama la atención en el registro actualizado del SGC es que los cuatro eventos destacados de Chaparral aparecen como superficiales. En términos generales, un sismo superficial tiene su foco a menos de 70 kilómetros de profundidad.
Pero este dato, por sí solo, no determina la gravedad de un movimiento. La intensidad con la que un sismo se siente en un municipio depende de varios factores: la magnitud del evento, su profundidad, la distancia al epicentro, las características del suelo y la vulnerabilidad de las edificaciones.
Por eso, un movimiento de determinada magnitud puede sentirse de manera diferente en dos lugares distintos.
El SGC también diferencia entre magnitud e intensidad. La magnitud cuantifica la energía liberada en la fuente del sismo, mientras que la intensidad describe los efectos que produce en un sitio específico.
Tampoco es técnicamente preciso hablar de “grados” Richter para describir cualquier sismo. Actualmente se utilizan escalas de magnitud como la magnitud de momento, y se trata de una escala logarítmica: un incremento de una unidad de magnitud representa aproximadamente 32 veces más energía liberada.
¿Es un enjambre sísmico?
La sucesión de movimientos en Chaparral ha llevado a hablar de un posible enjambre sísmico, pero esta clasificación requiere analizar la secuencia completa.
Un enjambre se caracteriza por numerosos eventos sísmicos concentrados en una zona y periodo determinados, sin que necesariamente exista un único movimiento principal claramente dominante.
Las réplicas tienen otra característica: ocurren después de un sismo principal y corresponden al reajuste de la zona afectada por la ruptura.
También existen los llamados sismos premonitorios, pero hay una particularidad importante: un movimiento solo puede ser identificado como tal de manera retrospectiva, si posteriormente ocurre un evento principal en la misma zona.
Por eso, ninguno de los movimientos que actualmente se registran en Chaparral puede presentarse como una señal inequívoca de que se aproxima un terremoto mayor.
¿Más sismos pequeños evitan uno grande? Es una de las preguntas que inevitablemente surge cuando una región comienza a registrar decenas o cientos de movimientos.
La respuesta del SGC es que no existe una regla científica según la cual muchos sismos pequeños impidan que ocurra posteriormente uno de mayor magnitud.
La razón está, entre otras cosas, en la diferencia energética entre magnitudes. La escala de magnitud es logarítmica, por lo que no se puede sumar simplemente una gran cantidad de sismos pequeños y asumir que equivalen a uno grande.
De la misma manera, tampoco existe actualmente un método científico probado que permita anunciar con anticipación la fecha, el lugar y la magnitud exacta del próximo sismo.
Lo que sí permite la sismología es identificar patrones, localizar fuentes, estudiar fallas, caracterizar secuencias y evaluar la amenaza para mejorar la preparación.
¿Tiene relación con el terremoto de Chocó del 10 de agosto?
Otra pregunta que ha surgido alrededor de la actividad del Tolima es si puede estar relacionada con el terremoto de magnitud 7,4 ocurrido el 10 de agosto en San José del Palmar, Chocó.
El SGC ha estudiado la actividad sísmica posterior a ese evento y ha identificado diferentes secuencias en la región.
Un terremoto de gran magnitud puede modificar el campo de esfuerzos en la corteza terrestre y, bajo determinadas condiciones, favorecer cambios en estructuras geológicas, presión de fluidos y otras condiciones del subsuelo.
Sin embargo, esa posibilidad no permite afirmar automáticamente que el terremoto de Chocó sea la causa directa de la actividad de Chaparral.
Para determinar si existe una relación entre dos secuencias sísmicas es necesario estudiar, entre otros factores, la ubicación de los epicentros, las profundidades, la distribución temporal y las características físicas de los eventos.
En otras palabras, la coincidencia temporal no basta para establecer causalidad.
¿Qué están haciendo las autoridades en Chaparral?
Mientras los especialistas analizan la secuencia, las autoridades locales concentran sus esfuerzos en reducir los riesgos.
El alcalde de Chaparral, Hélver González, confirmó la declaratoria de alerta naranja y explicó que la decisión busca fortalecer las campañas de prevención y actualizar el plan municipal de gestión del riesgo.
“Declaramos la alerta naranja en todo el municipio de Chaparral como una medida para ir evolucionando y consolidando las campañas de prevención con miras a lo que pueda suceder”, dijo el mandatario a La FM.
Entre las acciones están la identificación de rutas de evacuación, zonas seguras y posibles albergues, además de la actualización de los mecanismos de respuesta ante una eventual emergencia. González también pidió a las familias prepararse desde ahora y no esperar a que ocurra un evento para definir qué hacer.
“En cada hogar identificar la zona más descubierta, la ruta de evacuación y tener a la mano los kits de emergencia y de primeros auxilios”, recomendó.
La Gobernación del Tolima, por su parte, ha planteado la realización de un simulacro para que los habitantes conozcan las rutas de evacuación y los puntos de encuentro. También se adelantan inspecciones de edificaciones que puedan haber sufrido daños.
Si los organismos técnicos determinan que alguna estructura representa un riesgo para sus ocupantes, deberán adoptarse las medidas correspondientes, incluido el desalojo cuando sea necesario.
Las autoridades en la zona tienen el seguimiento técnico del Cañón de Las Hermosas, donde se concentra parte de la actividad. “Hay que hacer un monitoreo permanente con el Servicio Geológico”, afirmó la gobernadora del Tolima.
Una comisión integrada por profesionales del Servicio Geológico Colombiano, Cortolima y la Gobernación del Tolima trabaja en la evaluación de las condiciones de la zona. El objetivo no es predecir el próximo terremoto, algo que no es posible desde la ciencia, sino determinar cómo se está comportando la secuencia y aportar información técnica para las decisiones de gestión del riesgo.
La actividad escolar también ha sido objeto de medidas preventivas. En Chaparral se implementó temporalmente la modalidad de escuela en casa, mientras las autoridades evalúan si las condiciones permiten el regreso a las aulas.
Tenga en cuenta estas recomendaciones
La recomendación de las autoridades es que los habitantes no intenten anticipar el próximo movimiento a partir de rumores o cadenas en redes sociales.
Cada familia debería conocer previamente cuál es la ruta para salir de su vivienda, cuál es el punto de encuentro y cuál es la zona más segura.
También se recomienda preparar un kit de emergencia con elementos básicos como agua, linterna, silbato, alimentos y elementos de primeros auxilios.
Desde el Tolima se pidió además mantenerse informado a través del Servicio Geológico Colombiano, la Alcaldía de Chaparral, la Gobernación del Tolima y los organismos oficiales de gestión del riesgo.
La razón es sencilla: en medio de una secuencia sísmica, la información puede cambiar rápidamente y los conteos se actualizan a medida que los instrumentos detectan y los especialistas revisan nuevos eventos.
El dato más reciente del SGC —1.239 sismos registrados entre el 17 y el 24 de septiembre— permite dimensionar la actividad sísmica que se ha presentado en diferentes puntos del territorio durante estos días, pero no debe confundirse con el número de movimientos ocurridos exclusivamente en Chaparral.
En el municipio, la Gobernación habla de más de 440 eventos en las primeras 75 horas, mientras el registro del SGC muestra cuatro de los movimientos destacados de la secuencia, todos superficiales y con magnitudes entre 4,1 y 4,2. La cifra, además, seguirá evolucionando.
Cada nuevo movimiento será localizado, medido y analizado por la Red Sismológica Nacional. Ese es precisamente el trabajo que permite pasar de la percepción —“no ha parado de temblar”— a una caracterización científica de lo que está ocurriendo.
Por ahora, lo que se puede afirmar es que Chaparral atraviesa una secuencia sísmica activa que requiere vigilancia y preparación.
Lo que no puede afirmarse científicamente es que la cantidad de movimientos permita anticipar cuándo ocurrirá el siguiente, qué magnitud tendrá o si necesariamente habrá un terremoto mayor.




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