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María José Rodríguez, la multimedallista tolimense en el ciclo olímpico que la rompe en el bowling

hace 2 horas
6 min de lectura

El bowling colombiano es un deporte que cumple con su cuota en las participaciones del ciclo olímpico y María José Rodríguez, a través de la historia, ha estado presente en la mayoría de las tablas de preseas de estos eventos.


Para la muestra, estos dos botones: ganó cuatro oros y una plata en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo, República Dominicana, el mismo registro del gimnasta Ángel Barajas, dos deportistas del país que se convirtieron en los multimedallistas de las justas.


María José, una mujer multideportista

Luego, María José fue a los Juegos Suramericanos de Santa Fe y allí obtuvo un oro y una plata, lo que ratifica su categoría. Sin embargo, todo ha tenido su proceso, tanto la vida deportiva como personal.


Rodríguez practicó la natación, jugó golf, empuñó las raquetas de tenis y de squash y hasta hizo ciclomontañismo, mientras adelantaba sus estudios de primaria y bachillerato. Se graduó en el colegio La Presentación de Ibagué y alistó maletas para irse del país.


Hija de Ramiro y Celmira y hermana de Eliana, María José tomó conciencia de lo que quería ser en la vida: jugar bowling, y comenzó a buscar oportunidades para irse a estudiar. Buscó en páginas de internet, aplicó para becas por ser deportista y la encontró en Maryland, Estados Unidos.


No lo dudó dos veces y se trasladó a ese país. Dejó atrás su vida en la capital del país, a su familia, a sus amigos y se embarcó en una aventura en la que ya lleva 18 años.


María José advierte que se siente cansada y que se irá de la Selección Colombia tras los Juegos Panamericanos de 2027. Contó lo que ha vivido en Estados Unidos, su vida personal y deportiva, y habló de lo difícil que lo pasó por una lesión el año pasado y de lo feliz que es al recordar el título mundial.


¿Cuántas veces ha sido la multimedallista de la delegación colombiana en el ciclo olímpico?

En todos los Juegos en los que hemos participado hemos ganado medallas, pero creo que nunca... que en Centroamericanos y del Caribe fueron los primeros.


¿Y qué significa para usted?

Es por el proceso que uno hace. Suena como muy cliché, pero es eso. Cambié de compañía de bolos y he mejorado. Fue un cambio muy duro. Siempre queremos ganarle a México, pero por ahora es imposible. Ellos tienen demasiado apoyo, viajan, se concentran, juegan, en fin, pero cada vez estamos más cerca y eso se siente chévere.


Vienen los Juegos Panamericanos...

Es el top para nosotros, pero primero tengo que clasificar. Es claro, quiero ir a Lima el año que viene. Ya he ganado en Bolivarianos, Centroamericanos y del Caribe, en los Suramericanos y quiero hacerlo en los Panamericanos. Es un ciclo vicioso que no para.


¿Qué ha hecho en Panamericanos?

He ganado bronce en individual y bronce o plata en parejas. No me acuerdo, pero ir a los de Lima, luego de haber estado en los del 2019, es un buen reto.


¿Por qué se va para Estados Unidos?

Desde que comencé a tomar en serio el bowling, que fue en el colegio, veía videos y demás. Me di cuenta de que en EE. UU. las universidades tenían programas. Me contacté con personas, apliqué y se me dio. Tuve que intensificar el inglés, pero salí adelante.


¿Fue difícil irse del lado de la familia?

Era algo que yo quería hacer. Uno sabe del esfuerzo que hace la familia, pero usted no cambia para estar triste. Siempre he sido una persona muy positiva. No importa la dificultad, lo que hay que pensar es que, mire, estoy acá, tengo una beca, estudio inglés, conozco gente y hago el deporte que me gusta. Por so no fue tan duro. Tuve días de días, extrañé celebraciones de cumpleaños, pero había que pasar la página.


¿A dónde llegó?

Estudié en Maryland Eastern Shore. Queda cerca de Salisbury. Eso fue en el 2008. Estuve tres años y medio ahí. Estudié negocios y mercadeo.


¿Ejerció?

No. Luego hice una maestría también por cuenta de los bolos. O sea, no pagué nada por eso. Ayudé como a entrenar. Me gradué de la maestría y ejercí más o menos un año y medio. Ya en el 2015 volvió el Tour profesional de las mujeres y me di la oportunidad de dedicarme al bowling, como una prueba, a ver si sobrevivía, y acá estoy.


¿Y cómo es su vida hoy?

Vivo en Austin, Texas. Después de Maryland fui a Missouri a estudiar la maestría. Cambié porque con unos amigos dijimos que queríamos vivir en una ciudad pequeña, donde se pudiera progresar y pudiéramos encontrar un trabajo, y nos quedamos acá. Conocí a mi esposo, Nathan Bohr, como en el 2000, y decidimos estar en Austin.


¿Fueron muchos cambios?

Él jugaba bowling. Trabajaba para una universidad como entrenador asistente en el equipo de hombres y nos conocimos. Hoy, él trabaja para una compañía de bolos y tiene que viajar a los torneos conmigo por su labor. Incluso, va conmigo a los eventos del ciclo olímpico.


¿Se puede vivir del bowling?

Sí. Y sin problemas, sin afugias. Claro, no es la vida de un futbolista, pero vivo bien. Tengo muchas ayudas del Comité Olímpico, del Ministerio del Deporte, de Indeportes y de la compañía de bolos. Eso depende de si juegas y ganas, porque hay que revalidar cada año.


¿Qué ha sido lo más difícil?

El año pasado me fue muy mal. Tuve una lesión y no pude jugar. Decidí tomarme el tiempo para mí y me fue mal. Pensé mucho en mi vida. Es que cuando uno está bien, juega, gana, no le hace falta nada, pero tienes una lesión y es difícil. Eso me pasó.


¿Qué lesión tuvo?

Es en la rodilla izquierda, sobre la que deslizo y en la que llego. Es el tendón patelar y todo lo que me decían era como sobreuso, demasiados torneos, demasiadas cosas. La rodilla está bien, pero el tendón no quiere colaborar.


¿Qué la hizo reflexionar?

Me tocó jugar con mucho dolor. Jugué por compromiso, sin poder decir que no. Me decían: 'Juega, no vayas a dejar a tus compañeras botadas'. Y lo hacía. Una vez dije: 'Si yo puedo caminar mañana, ¿quién me va a empujar la silla de ruedas? Nadie'. Llegó un punto en el que dije: no puedo jugar.


¿Pensó en el retiro?

Sí, lo pensé. Dije: no creo que voy a jugar más porque es demasiado doloroso. No podía jugar, no me podía agachar, no podía caminar. Decidí tomarme un descanso. Hice terapia y comencé a oír cosas como: 'Ay, usted está demasiado gorda, baje de peso. No hace ejercicio, haga ejercicio. No tiene músculo', pero así ha sido siempre, así he ganado lo que he ganado.


¿Qué decisión tomó?

Todo era tóxico, todo era malo y paré de enero a agosto del año pasado. Regalé todos mis bolos, los zapatos y decidí empezar. Es que no me iba a mejorar viendo todo lo de mi deporte y haciendo terapia y sin jugar, por eso boté todo. No pude con mi alma.


¿Qué vino después?

Comencé de cero. Me hice un tratamiento de ozono, descansé. La verdad, no sé qué me mejoró. Se me fue el dolor y volví a hacer lo que era. No entreno lo mismo que entrenaba antes, no es el mismo juego de antes, pero tengo muchos compromisos y he aprendido a decir no. La gente no lo entiende porque solo lo ven a uno como un número, que en el papel dice cuántos oros nos va a dar. La gente no es dueña de mi cuerpo.


¿Cuál ha sido el resultado más, más importante de su carrera?

El Mundial del 2019. Es algo con lo que uno sueña siempre. El resto, sí, es excelente, pero un Mundial es una barbaridad. Esa vez ganamos el todo evento y en equipos. En parejas quedamos de segundas, en tríos quedamos de terceras, fue una locura.


¿Hasta cuándo piensa jugar?

Por Colombia, hasta los Juegos Panamericanos de Lima. Y si vamos al Mundial, estaría ahí, pero no más. Estoy cansada. Son muchos años, muchos compromisos, hay estrés. Con Antioquia quiero ir a los Juegos Nacionales del 2027, pero no creo que vaya más allá. Mi cuerpo ya no está para jugar todo lo que podía jugar cuando tenía 25 años. Quiero jugar lo que me divierta.


Pero no está fijo ir al Mundial...

Antes era más fácil ir. Eso ha cambiado. Ya no tenemos el mismo presupuesto. No hemos ido a un Mundial hace como cuatro años y en 2026 tampoco.

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