No Juegues con el Covid-19 - Historia Real


No Juegues con el Covid-19

por Raúl Ramírez

De solo pensar en las historias que me contaba, sobre el Covid-19 en UCI, Luis mi amigo enfermero del Hospital Federico Lleras, el pánico me perseguía con obsesión. Luego, un pariente cercano murió irremediablemente dejando dos pequeñas niñas huérfanas.¡Que dolor!¡que impotencia! El paso demoledor de ese maldito virus nos ataca a todos, pero lo más incomprensible es que ya le perdimos el temor y andamos sin conciencia pavoneándonos en todos los sitios como retándolo a que nos atrape. Eso somos, así somos desafiando la tragedia.

Vemos y escuchamos todas esas terribles historias como si fueran películas y no vivencias, abarrotamos los supermercados, los centros comerciales, las calles del comercio, todos revueltos talvez inducidos por la necesidad o tal vez la negligencia. Hasta armamos fiestas familiares donde todos se contagian. Y así es en todo el mundo.

De repente una tos premonitoria altera la tranquilidad de mis días, en casa me dicen: “pilas que esa tosecita es sospechosa”. Yo me hago el de las gafas y digo: con pastillas de miel me la quito. Y me chupe dos sobres seguidos y nada. La preocupación crecía, desde aquel 28 de abril; el 1 de mayo me agarro en la calle un aguacero y me “lave” antes de conseguir un taxi. Obviamente la cosa se puso peor, llamamos al médico familiar y ordeno exámenes que me tomé al día siguiente y listo, nada que hacer. El medico anuncio: “tienes Covid-19 SARS-CoV-2; aíslate inmediatamente”!

Los síntomas tenían confundido al médico que no encontraba la simetría de las cosas. No me dolía nada, ni coyunturas, ni el cuerpo, ni la cabeza, ni perdí el olfato, ni tenía dificultad respiratoria; fue cuando concluyó que me había atacado tal vez otra variante. Me indicó un tratamiento intravenoso de 3 medicamentos más vitamina C. cinco días continuos. El apetito lo perdí y me acompañaron unas horribles nauseas permanentes y una repugnancia total a la comida, por lo cual duré 6 días sin tomar alimentos tradicionales. Lo intente varias veces, pero no me bajaba, además de sentir todo muy salado. Sentía que al masticar todo se me devolvía por el esófago y no podía comer. Luego al llegar la noche me di cuenta que tampoco podía dormir, me dio insomnio. ¡Qué desespero! La segunda noche igual y va uno perdiendo la paciencia y siente deseos de salir corriendo.

¡Llamé al médico y le dije ayúdeme, no puedo con esto! No quería hablar con nadie, ni celular, ni mirar televisión, nada.

Me sostuve con jugos de frutos rojos que el mismo Dr. me recomendó y que mi esposa y mi hija con toda la paciencia y el cariño me prepararon; además de brindarme todo su apoyo y su ayuda durante esos días infernales. Me sentía muy débil hasta para bañarme.

Al ver mi angustia el médico reforzó el tratamiento y comencé a dormir mejor y se fueron retirando las náuseas, ¡qué maravilla! Comencé a comer de a poquitos y a dormir despertando solo una vez en la noche.

Todo comenzó un 28 de abril y hoy 19 de mayo siento una gran mejoría, aunque me falta recuperar toda mi vitalidad. Esto puede repetir, por eso espero ansioso mi turno para hacerme vacunar ya que estoy en el grupo de mayores entre 55 y 60 años que no hemos sido citados. Ahh! ¡No todas las historias tienen finales felices, cuídate! El virus te está buscando y si te atrapa juega contigo a la ruleta rusa… no sabemos qué pasará.



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