Claudia Quintero, la Mujer Cafam 2022 que quiere abolir la prostitución


El premio Mujer Cafam se encarga de enaltecer la labor de las mujeres en Colombia que impulsan a sus comunidades femeninas. En la edición 2022, Claudia Yurley Quintero Rolón logró el premio gracias a su labor con la Fundación Empodérame, que busca ayudar a mujeres para que salgan de la prostitución.


“La prostitución beneficia al sector masculino. Queremos el fin de la opresión de las mujeres. Nosotras podemos ir a la universidad, otras estar en debates políticos y estamos luchando por eso (…) El 98 % de los que consumen sexo son hombres.


Debe ser por ese carácter de nortesantandereana que le heredó a su mamá, la empleada doméstica que quedó embarazada de un universitario y que lavando ropa en el río le inculcó el amor por el trabajo. O puede ser por la templanza que adquirió tras la barbarie paramilitar que terminó por despojar a madre e hija de su tierra y desplazarlas. O por la violación que sufrió en medio de una de las incursiones que ordenó Jorge Iván Laverde Zapata, ‘el Iguano’, uno de los jefes paras que “hizo lo que se le dio la gana”, como hoy lo recuerda.


Lo cierto es que Claudia Quintero, a sus 20 años –en el 2001–, ya tenía ese espíritu de liderazgo que hoy es referente para las sobrevivientes de trata de personas. Su edad no fue problema para abanderar la educación de los niños y las niñas del barrio Trigal del Norte, en Cúcuta, con tal de alejarlos de los grupos armados. En un lote sin salones les daba clase con el apoyo de otros jóvenes. Se volvió incómoda. En el 2005 terminó en la lista de las autodefensas que pretendía hacer una “limpieza social”, pero una amiga de su mamá les avisó a ambas que se fueran cuanto antes de la ciudad.


Agarró a su pequeña hija de tres años, empacó lo que pudo en una maleta y salió para el terminal de buses. Después de más de 15 horas de viaje, llegó a Bogotá, a la calle, sin conocer a nadie y sin saber qué iba a ser de su vida.


Logró soportar unas semanas y decidió regresar a Cúcuta para enfrentar la amenaza, recuperar parte de sus pertenencias y saber qué iba a pasar con su lote. Pero los paramilitares, que controlaban todo, se enteraron de su regreso, la buscaron y pasó lo peor.


A Claudia no le gusta hablar de la violación ni de lo que le hicieron, porque la quebraron en mil pedazos. Hoy todavía está pegando algunos.


Nuevamente regresó a Bogotá, huyendo asustada. Todo era un remolino de hechos: mientras el papá de su niña, su compañero, no pudo asimilar lo que había ocurrido –y terminó consumiendo drogas–, ella se enteró de su segundo embarazo un día en el que perdió el sentido, cayó al suelo y la socorrieron en la calle. Estaba segura de que su hijo era de su excompañero, pero, en ese momento, el fantasma de la violación le hacía pensar lo contrario.


Su madre también tuvo que salir huyendo de Cúcuta y terminaron todos en una pieza del centro de Bogotá. Luego se abrió la puerta del infierno y una mañana terminó acostándose con un desconocido. Así empezó el tiempo oscuro de la historia de Claudia, que incluye explotación sexual, drogas, alcohol, odio por ella misma y las ganas inmensas de morir. Tocó fondo.


Pero esta morena de 1,70 de estatura y sonrisa de dientes blancos perfectos le ganó la guerra a la violencia de los paras, de los hombres que compran sexo en la calle y de las mujeres que invalidan a las otras mujeres. Claudia se levantó y creyó en el poder de dar un paso a la vez.


Esta es la historia de una feminista, activista, salvadora de mujeres explotadas en la prostitución, conferencista, creadora de la Corporación Anne Frank y defensora de los derechos humanos.


Así es Claudia Quintero Rolón, la mujer que, en el 2018, habló fuerte ante los magistrados de la Corte Constitucional para que la prostitución sea abolida en Colombia.

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