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A 10 años de la muerte de ‘Gabo’, Netflix recrea Macondo en el Tolima



Este mes, cuando se cumplen diez años de la muerte de Gabriel García Márquez, el 17 de abril, la plataforma Netflix anunció algunos los primeros detalles del rodaje de ‘Cien años de soledad’, para el cual se recreó un lugar que antes solo existía en los libros y en la imaginación de Gabo, el pueblo de Macondo.


Para esta gran producción se construyó un pueblo, en cercanías de Alvarado, Tolima, en un espacio equivalente al de 70 canchas de fútbol, pero antes se hicieron muchas versiones del mundo de Gabo. La elección obedeció a la condición que le pusieron a Netflix los hijos del premio Nobel, Rodrigo y Gonzalo García Barcha, de filmarla en el país de su padre y hacer la serie en español.


Cuentan los productores que fueron muchos los lugares que visitaron antes de decidirse por uno, Cali estuvo incluido, así como Villavicencio y Girardot, y lugares de costa Atlántica, como Palomino, Santa Marta y Barranquilla. Según Carolina Caicedo, productora general, “fueron muchas semanas y muchas horas de búsqueda” hasta encontrar el sitio indicado para “llevar a cabo una producción de esta dimensión”. Buscaron, entre otras, un lugar con un árbol gigantesco, en torno al cual se construyera la plaza y todo un pueblo; debía tener un río cercano, montañas que aludieran a la Sierra Nevada, entre toras características.


Se construyó una ranchería en La Guajira y se hicieron otras versiones en el Tolima. Se inspiraron en las descripciones de García Márquez, como en aquella parte en la que describe la muerte de José Arcadio (el hijo mayor), contando cómo, tras el disparo que le cuesta la vida, el hilo de sangre recorre la casa de Arcadio (su hijo) en el mejor rincón de la plaza, cruza la sombra de un almendro, pasa por la Calle de los Turcos, dobla para alcanzar la casa de los Buendía, atraviesa el corredor de las begonias donde bordaban las mujeres, supera el granero y llega hasta la cocina de Úrsula Iguarán.


El pueblo de la serie está en predios de la Hacienda Arizona y sus calles están marcadas con placas en cerámica de nombres familiares: la calle Papalelo, el nombre con el cual Gabo llamaba a su abuelo, el coronel Nicolás Ricardo Márquez; la calle Tranquilina, por su abuela materna, Tranquilina Iguarán, y otra bautizada Santiaga, en honor de Luisa Santiaga Márquez, la madre del Nobel. La botica invoca al Doctor Séptimus, el seudónimo con el cual firmó Gabo sus primeras columnas en El Heraldo.



Artesanos nacionales también tuvieron participación en la producción: ollas y macetas de Lorica, hamacas de La Guajira, tapetes del Cesar, filigrana de Mompox, vidrieras y forja de Bucaramanga, canoas y atarrayas de la Ciénaga grande de Córdoba; así como objetos de anticuarios en Cartagena, Cali, Medellín y todo Cundinamarca.


La casa de la familia Buendía, que tardó tres meses en ser construida, consta de dos pisos, múltiples cuartos y está alrededor del castaño en el cual amarran a José Arcado Buendía cuando le llega la locura. Se ideó el comedor de los Buendía, de 12 puestos, cuyo número va creciendo al mismo ritmo de los habitantes de Macondo. Muchas habitaciones tienen paredes móviles, para que la cámara capte lo que sucede en el interior. En los jardines hay sembradas especies reales, según el libro ‘Flora de Macondo’, del botánico colombiano Santiago Madriñán. Incluso fueron recreados el laboratorio de alquimia y el cuarto de Melquíades.


Datos

El argentino Álex García, uno de los directores de la serie, con gran bagaje musical y graduado de Berkley, le puso el sello sonoro a Macondo.

La diseñadora Bárbara Enríquez, tras ser nominada al Óscar por la película ‘Roma’, se integró al equipo hace un par de años.

La producción subcontrató la elaboración de numerosos pescaditos de oro, en técnica de filigrana, de Mompox.

Otro diseñador de esta producción de Netflix y la productora Dynamo es Eugenio Caballero, ganador del Óscar.

Cerca de 20.000 extras hicieron parte de esta producción.

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